Violeta Angulo Jiménez, Jefa Carrera (S) Servicio Social
Con motivo de
celebrarse el Día del Asistente Social este 11 de noviembre, se hace necesario
como profesión detenerse en el camino y reflexionar como se ha avanzado en
consolidar la profesión, sin embargo, es pertinente recordar algo de ese camino
recorrido.
El camino no ha sido
fácil ni exento de dificultades y en este contexto no podemos dejar de
reconocer que el Servicio Social nace como una forma
de ACCIÓN SOCIAL, que se remonta al siglo XVI, cuando la madre de las ciencias
sociales, la sociología, aún no había
llegado a este mundo. Para referenciar esta etapa, no se puede dejar de
evocar la Organización Social de la
Caridad, la Ley de Pobres, Juan Luis Vives y San Vicente de Paul, entre otros.
Esta primera etapa está marcada por la
beneficencia y la ayuda al prójimo, en la que existe un marcado acento religioso
y filantrópico, muy alejado de la formación académica.
Aunque
desde el siglo XIX ya se vislumbraban las bondades de la acción grupal,
solamente a partir de 1936 se considera como una rama del trabajo social entendido como método y como campo de acción
con propósitos correctivos, preventivos, recreativos, educativos y
promocionales. Y, en 1943, se le otorga el respectivo reconocimiento a lo que
se denominó el método de organización de la comunidad.
Al
realizar una mirada en el contexto latinoamericano, cabe referir que en la
década de los 30 se inicia el proceso de profesionalización de la asistencia
social y se fundan las primeras escuelas con la asesoría académica de la Unión
Católica Internacional de Servicio Social, en la tarea de difundir el Servicio Social Católico
en estas latitudes con una notoria orientación asistencialista de tipo
paramédico y parajurídico, marcada por la incidencia religiosa cristiana que
caracterizó la acción social en Europa.
En los
años 60 crece el interés por los programas de organización y desarrollo de la
comunidad. A manera de ilustración, la Organización de Servicio Social de la
OEA, realiza acciones tendientes a influenciar la formación y práctica de
Trabajo Social impulsando el desarrollo comunitario con el propósito de
vincular la población de una manera activa y consciente en los planes y
proyectos específicos de desarrollo hacia la eliminación de las causas del
subdesarrollo. Es así, como mediante la teoría de la marginalidad se ponen en
circulación los conceptos de integración y de participación de las comunidades,
los cuales, empiezan a constituirse en los objetivos fundamentales de la acción
social.
En este
transcurso, comienzan a aparecen las primeras posturas cuestionadoras de los
ejes tradicionales del Servicio Social y con ello surge una visión
reconceptualizadora, se inician nuevas búsquedas tanto teóricas como
metodológicas dentro de cada una de las disciplinas, lo cual favoreció el
nacimiento de un amplio abanico con múltiples orientaciones y por cierto
favorecieron llegar hasta nuestro días en que el Servicio Social se ha ganado
un espacio en el concierto de las ciencias sociales y, por tanto, de adquirir
un carácter disciplinario, haciendo
suyos principios básicos como el promover el respeto a la dignidad de
la persona y el desarrollo de formas democráticas de convivencia,
principalmente, a través de la tarea organizativa y educacional, especialmente
en el trabajo con grupos y comunidades.
En Chile, los
Trabajadores Sociales, conforme con los principios nacionales de equidad y
justicia social, se ocupan de los problemas de la pobreza y los reconocen como
uno de los campos específicos de intervención profesional. El desafío principal
que en este trabajo se presenta, es cómo combinar lo asistencial con lo
promocional y cómo aportar a la planificación de las políticas sociales sin
perder nuestra posición privilegiada en la atención directa de los grupos
humanos afectados por este problema, fomentando el propio desarrollo de éstos y
por cierto de sus potencialidades a fin de contribuir a mejorar su calidad de
vida.
En este sentido, como
Santo Tomás, a través de su Instituto Profesional, que imparte la carrera de
Servicio Social, nos esforzamos a aportar a
la sociedad en la formación de profesionales de alto nivel, con sólidos
principios morales y éticos, capaces de contribuir a construir una sociedad más
justa y humanitaria, siendo este el legado y el sello distintivo que pensamos
dejar en nuestros jóvenes profesionales.
Como reflexión final,
entregar un saludo a nombre de Santo Tomás sede Iquique, a todos y todas los y
las profesionales que contribuyen con estos principios básicos y humanos que
enriquecen la profesión y nuestra sociedad.
#Iquique

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