jueves, noviembre 12, 2015

Día del Asistente Social: nuevas miradas, nuevos caminos, nuevos desafíos

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Violeta Angulo Jiménez, Jefa Carrera (S) Servicio Social
Instituto Profesional Santo Tomás sede Iquique

Con motivo de celebrarse el Día del Asistente Social este 11 de noviembre, se hace necesario como profesión detenerse en el camino y reflexionar como se ha avanzado en consolidar la profesión, sin embargo, es pertinente recordar algo de ese camino recorrido.

El camino no ha sido fácil ni exento de dificultades y en este contexto no podemos dejar de reconocer que el Servicio Social nace como una forma de ACCIÓN SOCIAL, que se remonta al siglo XVI, cuando la madre de las ciencias sociales, la sociología, aún  no había llegado a este mundo. Para referenciar esta etapa, no se puede dejar de evocar  la Organización Social de la Caridad, la Ley de Pobres, Juan Luis Vives y San Vicente de Paul, entre otros. Esta primera etapa está marcada  por la beneficencia y la ayuda al prójimo, en la que existe un marcado acento religioso y filantrópico, muy alejado de la formación académica.

Aunque desde el siglo XIX ya se vislumbraban las bondades de la acción grupal, solamente a partir de 1936 se considera como una rama del trabajo social  entendido como método y como campo de acción con propósitos correctivos, preventivos, recreativos, educativos y promocionales. Y, en 1943, se le otorga el respectivo reconocimiento a lo que se denominó el método de organización de la comunidad.

Al realizar una mirada en el contexto latinoamericano, cabe referir que en la década de los 30 se inicia el proceso de profesionalización de la asistencia social y se fundan  las primeras escuelas  con la asesoría académica de la Unión Católica Internacional de Servicio Social, en la  tarea de difundir el Servicio Social Católico en estas latitudes con una notoria orientación asistencialista de tipo paramédico y parajurídico, marcada por la incidencia religiosa cristiana que caracterizó la acción social  en Europa.

En los años 60 crece el interés por los programas de organización y desarrollo de la comunidad. A manera de ilustración, la Organización de Servicio Social de la OEA, realiza acciones tendientes a influenciar la formación y práctica de Trabajo Social impulsando el desarrollo comunitario con el propósito de vincular la población de una manera activa y consciente en los planes y proyectos específicos de desarrollo hacia la eliminación de las causas del subdesarrollo. Es así, como mediante la teoría de la marginalidad se ponen en circulación los conceptos de integración y de participación de las comunidades, los cuales, empiezan a constituirse en los objetivos fundamentales de la acción social.

En este transcurso, comienzan a aparecen las primeras posturas cuestionadoras de los ejes tradicionales del Servicio Social y con ello surge una visión reconceptualizadora, se inician nuevas búsquedas tanto teóricas como metodológicas dentro de cada una de las disciplinas, lo cual favoreció el nacimiento de un amplio abanico con múltiples orientaciones y por cierto favorecieron llegar hasta nuestro días en que el Servicio Social se ha ganado un espacio en el concierto de las ciencias sociales y, por tanto, de adquirir un carácter disciplinario,  haciendo suyos principios básicos como el promover el respeto a la dignidad de la persona y el desarrollo de formas democráticas de convivencia, principalmente, a través de la tarea organizativa y educacional, especialmente en el trabajo con grupos y comunidades.

En Chile, los Trabajadores Sociales, conforme con los principios nacionales de equidad y justicia social, se ocupan de los problemas de la pobreza y los reconocen como uno de los campos específicos de intervención profesional. El desafío principal que en este trabajo se presenta, es cómo combinar lo asistencial con lo promocional y cómo aportar a la planificación de las políticas sociales sin perder nuestra posición privilegiada en la atención directa de los grupos humanos afectados por este problema, fomentando el propio desarrollo de éstos y por cierto de sus potencialidades a fin de contribuir a mejorar su calidad de vida.

En este sentido, como Santo Tomás, a través de su Instituto Profesional, que imparte la carrera de Servicio Social, nos esforzamos a aportar a  la sociedad en la formación de profesionales de alto nivel, con sólidos principios morales y éticos, capaces de contribuir a construir una sociedad más justa y humanitaria, siendo este el legado y el sello distintivo que pensamos dejar en nuestros jóvenes profesionales.

Como reflexión final, entregar un saludo a nombre de Santo Tomás sede Iquique, a todos y todas los y las profesionales que contribuyen con estos principios básicos y humanos que enriquecen la profesión y nuestra sociedad.
#Iquique

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