Opinión: Ministra de Vivienda Paulina Saball
Los
proyectos habitacionales destinados a grupos vulnerables, financiados con
subsidios del Estado a través del Ministerio de Vivienda, han mejorado su
estándar técnico-constructivo y de diseño significativamente desde 2001 a la
fecha, lo que se puede verificar en la superficie de las viviendas, su
materialidad, la urbanización y equipamiento de los conjuntos, la pertinencia
de las soluciones y la localización dentro del espacio urbano.
La
creación, antes de 2009, del subsidio a la localización, ha permitido que
decenas de proyectos se emplacen en terrenos próximos a los servicios de
transporte, educación, salud, comercio y que alberguen mayoritariamente a
familias originarias de la misma comuna o de comunas adyacentes. A su vez, la
supresión de normas de excepción que posibilitaban rebajar estándares de
urbanización ha permitido elevar significativamente la calidad de pavimentos,
áreas verdes y equipamiento de los conjuntos habitacionales en extensión. Estas
condiciones cuentan con financiamiento adicional y están garantizadas en el
diseño y en la ejecución.
Respecto
de la producción de viviendas sociales, esta está muy lejos de disminuir. A
través del Programa Fondo Solidario de Elección de Vivienda (FSEV) se han
asignado 602.388 subsidios desde 2001 a la fecha y solo en 2014 y 2015 se han
entregado 24.438 y 27.494 subsidios, respectivamente. En unidades de fomento el
programa ha comprometido más de UF 304 millones y el cambio de estándares ya
señalado, queda también reflejado en la evolución del valor unitario del
subsidio promedio por vivienda, que aumentó de UF 269 (aproximadamente 10 mil
dólares) en su inicio, a UF 889 (aproximadamente 34 mil dólares) en 2015.
Complementariamente,
cada proyecto puede adicionar una serie de subsidios específicos, destinados a
generar mayor superficie en caso de familias extensas; adaptar la vivienda para
personas de movilidad reducida, habilitación por obras de urbanización
especiales, entre otros; todos con el propósito de atender las particularidades
del grupo, del terreno y de la localidad. El año 2016 hay que agregar además la
puesta en marcha del nuevo Programa de Habitabilidad Rural, que adiciona 7.000
subsidios por un monto equivalente a UF 4.683.000
Estos programas de integración, han posibilitado generar oferta
habitacional en aproximadamente 90 comunas, muchas de las cuales no tenían
construcción de vivienda social hace muchos años. La modalidad de
financiamiento de estos programas es totalmente diferente al FSEV: acá el
inmobiliario elabora y postula un proyecto que incluye el terreno; asume el
riesgo de la venta de sus viviendas, particularmente las destinadas a sectores
medios cuyo financiamiento incluye crédito hipotecario; el pago del subsidio se
realiza solo cuando las viviendas están terminadas e inscritas a nombre de la
familia beneficiada.
Es
cierto que aún tenemos muchos desafíos que alcanzar para lograr la calidad y
cobertura óptima, pero, sin duda, nuestra política habitacional destinada a
atender a los sectores vulnerables es consistente, sólida y está muy lejos de
estar “agónica”. Solo en 2015, el 35% del financiamiento del total del programa
habitacional estuvo destinado a atender el déficit cuantitativo de vivienda de
los sectores vulnerables. Y, en el primer semestre de 2016, están en ejecución
35.900 viviendas del FSEV, que corresponden a 621 Comités de Vivienda, todos
los cuales han tenido amplia participación en las decisiones relativas a
terreno, diseño, equipamiento e integrantes del nuevo barrio, interlocutando
con las entidades encargadas de brindar asistencia técnica, elaborar los
proyectos y prestar acompañamiento social, lo que, al igual que la inspección y
fiscalización de las obras, es financiado con recursos públicos que forman
parte del subsidio.
Entre
estos proyectos hay varios destinados a atender a familias que viven en
Campamentos; desde 1996, existe un programa especial para su atención que
incluye estrategias, profesionales y presupuesto dedicado para ello.
En
forma complementaria, y con recursos adicionales, hemos impulsado el Programa
de Reactivación Económica e Integración Social (DS 116) que ha permitido
construir 44 mil viviendas en 2015; y estamos seleccionando proyectos para
construir otras 25 mil en 2016, a través del nuevo Programa de Integración
Social y Territorial (DS 19). Estos dos últimos programas, junto con
posibilitar la construcción de barrios integrados en áreas urbanas bien
localizadas, han permitido generar empleo y adicionar 16 mil viviendas
destinadas a sectores vulnerables (23% de total de unidades construidas) al
programa regular del ministerio.
Estos
programas de integración, han posibilitado generar oferta habitacional en aproximadamente
90 comunas, muchas de las cuales no tenían construcción de vivienda social hace
muchos años. La modalidad de financiamiento de estos programas es totalmente
diferente al FSEV: acá el inmobiliario elabora y postula un proyecto que
incluye el terreno; asume el riesgo de la venta de sus viviendas,
particularmente las destinadas a sectores medios cuyo financiamiento incluye
crédito hipotecario; el pago del subsidio se realiza solo cuando las viviendas
están terminadas e inscritas a nombre de la familia beneficiada.
Por
el contrario, en los conjuntos del FSEV, aprobado el proyecto y asignados los
subsidios, la empresa constructora tiene asegurado el 100% del financiamiento a
través de un contrato de pago por avance obra. Inmediatamente iniciada la construcción
se paga el valor del terreno y, luego, en estados de pagos sucesivos, los
avances de obra, hasta llegar al término de la misma, donde su cursa el último
estado de pago, normalmente de un 10%. La naturaleza de los proyectos y sus
contratos en uno (DS 116 y DS 19) y otro caso (FSEV) son totalmente diferentes
y entenderla es relevante para proponer adecuaciones que contribuyan a mejores
resultados y mayor focalización.
#Iquique

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